Ese momento en que de repente la cara se te pone roja y sientes un calor que sube como si alguien hubiera encendido una estufa interna…
A veces pasa en medio de una junta, mientras hablas con alguien o hasta viendo la tele en la noche. ¡Incomodísimo!
Esto puede suceder desde la perimenopausia (sí, incluso desde los 30s) y continuar en la postmenopausia. Nunca es tarde para atenderlo.
¿Qué pasa a nivel hormonal?
Durante esta etapa, los estrógenos y la progesterona fluctúan y disminuyen. Esto altera el centro termorregulador del cerebro (en el hipotálamo) y hace que los vasos sanguíneos de la cara se dilaten de golpe. Resultado: calor y enrojecimiento repentino.
Este síntoma se parece a los bochornos, pero no es lo mismo:
Bochorno → calor intenso que recorre todo el cuerpo, suele durar más segundos o minutos y muchas veces va acompañado de sudor.
Enrojecimiento facial → calor y color rojo concentrados en cara y cuello, generalmente más breves, pero igual de incómodos.
Además, afecta la piel (pierde colágeno y elasticidad), el sistema nervioso (más sensibilidad a estímulos) y el sistema cardiovascular (respuesta exagerada en los capilares).
¿Cuál es la solución?
Pilares de la salud para este síntoma y ejemplos prácticos que funcionan:
- Reponer nuestras hormonas cuando se es candidata ideal
La mayoría de las mujeres somos candidatas a terapia hormonal sustitutiva bioidéntica, pero por falta de información o ignorancia muchas no acceden a ella.
Es fundamental buscar profesionales capacitados y actualizados en el tema para recibir un tratamiento seguro y efectivo.
Exigir y elegir una atención que nos permita vivir con dignidad y calidad en esta etapa.
Esto debe ir aunado a los demás pilares para garantizar no solo resolver este síntoma, sino proteger la salud general en las próximas décadas de vida.
- Nutrición consciente
Evitar desencadenantes como alcohol, comidas muy picantes, cafeína y alimentos ultraprocesados.
Comer alimentos ricos en fitoestrógenos (soya orgánica, linaza) y antioxidantes (berries, espinaca, cacao puro).
- Movimiento diario
Ejercicio con pesas 2-3 veces por semana: ayuda a regular la temperatura corporal, mejora circulación y protege la masa ósea y muscular.
Caminar o nadar para mejorar la oxigenación y reducir la intensidad de los síntomas.
- Gestión del estrés
El estrés aumenta los episodios de enrojecimiento.
La terapia psicológica es poderosa para manejar ansiedad y emociones que amplifican estos síntomas.
Meditación, respiraciones profundas y mindfulness para calmar el sistema nervioso.
- Sueño reparador
Dormir en habitación fresca y oscura.
Evitar pantallas antes de dormir y establecer rutina de relajación.
- Conexión social con sentido profundo
El apoyo entre mujeres que viven lo mismo y se informan con evidencia científica mejora la resiliencia, la motivación y la capacidad de implementar cambios sostenibles.
Si no se atiende este síntoma:
Puede intensificarse y afectar tu calidad de vida, tu piel puede envejecer más rápido, la circulación se ve comprometida y el malestar puede provocar que evites actividades sociales o laborales.
